martes, 15 de enero de 2013

como transformarce en gata fiera después de haber sido un perro fiel


Hace días que quería escribir respecto a esto, la verdad es que pasé muchos años de mi vida siendo algo así como un perro faldero, cuando me enamoraba perdía un poco el cerebro y me volvía idiota al punto de caer en el extremo de la mamonería y la súplica, cosa bastante patética por cierto.
Ahora incluso a mi me parece extraño escribir de los beneficios que la soltería ha traído a mi vida y lo bueno que ha sido pasar de ser un perro fiel a una gata arisca, algo incapaz de querer y de esas que no acarician a nadie, sino que se acarician en las personas, a eso es a lo que me dedico, salgo por los tejados y recorro la ciudad libremente, hay días que vuelvo lastimada, hay días que vuelvo feliz.

En ocasiones esto de ser una gata me pasa la cuenta y me dan ganas de volver a ser un perro y buscarme un amo que me ponga un collar al cuello, me acaricie, me apapache y esas cursilerías, pero recuerdo que el perro ya sufrió bastante y que el perro murió envenenado por una gata algo malvada, una gata que se acarició en mi por años, una gata que se dejaba admirar pero no atrapar, una gata que daba a medias y con cautela.

En fin siempre las cosas se dan vuelta en la vida, ahora esa gata es un perrito fifí, de esos perritos con cara de pena que buscan cariño desmesuradamente, que de seguro de vez en cuando quisiera recuperar a su perro fiel que la admiraba, o no en realidad no creo que quiera recuperar a ese perro fiel, creo que desea encontrar un perro nuevo que la quiera tanto como la quise yo, la he visto pedir amor, y eso me causa una enorme nostalgia, porque ese amor conmigo nunca tuvo que pedirlo, ironías no? ella convertida en un perro y yo en una gata, una gata que ya no ama, que sólo se acaricia y restriega, una gata que aveces anda de casería, una gata sólo les da una probada a las presas y luego las abandona aún con vida, la idea de esta nueva gata no es hacer daño, sino arrancar antes, arrancar cuando la víctima aún sea capaz de recuperarse y no se convierta en un perro faldero que me persiga.

No es una venganza, no es nada, de hecho no me di cuenta cuando ocurrió la metamorfosis, sólo ocurrió, ocurrió a causa de esa mala gata que me fue quitando el pelaje de perro y me regaló estas 7 vidas que me ayudan a recorrer la vida sin sufrir.

Tal vez algún día la soledad duela, y entonces volveré a atarme el collar y volveré a mover la cola y ladrar de felicidad cada vez que aparezca mi ama.


No hay comentarios:

Publicar un comentario