Nada es casualidad, siempre he creído en que todo pasa por
una justa razón, muchas veces no sabemos el por qué en el momento exacto, sin
embargo la vida se encarga de desenmarañarnos sus misterios, con todos sus
vericuetos tarde o temprano, hoy sé que en mi vida nada ha sido casualidad, ni
los dolores ni las alegrías, no existen decisiones correctas o incorrectas, sólo
se actúa y cada acto acarrea su consecuencia, desde haber decidido besar por primera
vez a una mujer hasta aquel comentario fuera de lugar que ocasiona alguna
pelea, desde un error minúsculo hasta el más acertado hecho; los caminos de la
vida son dispersos, somos lo que elegimos ser, yo pude ser esa que soñé alguna
vez que quería estudiar cine y escribir guiones, claro que pude serlo y si lo
deseo aún podría, sin embargo decidí por amor quedarme en San Fernando aquella
vez y ser analista y luego opté por la ingeniería, no es una
pasión desmedida sin embargo me da para vivir y tengo un trabajo que amo, cada
salto, cata retroceso, cada avance y cada tropiezo me han forjado a ser lo que
soy hoy, con 28 años y casi 10 meses de
vida… hay cosas que me enorgullecen y otras que prefiero olvidar o hacer como que
olvido, como aquellos errores que si me detengo a pensar no fueron errores sino
decisiones, decisiones que por un segundo fugaz en mi mente parecían correctas,
porque de no ser así jamás hubiesen sido cursadas, y es que a veces el inconsciente
piensa más rápido que el consiente y
actuamos por naturaleza, por instinto, a desmedida y luego viene el fugaz raciocinio
y te das cuenta de lo errada que estabas, pero como dije en un comienzo nada es
casualidad, porque ese error te lleva a algo, una lección, un enojo, una
alegría y hasta posiblemente un nuevo amor, y es que no fue casualidad nada de
lo sucedido, de lo que es y lo que será, hoy formo mi mañana, hoy nace mi
futuro.
Tu beso se hizo calor,
luego el calor, movimiento,
luego gota de sudor
que se hizo vapor, luego viento
que en un rincón de La Rioja
movió el aspa de un molino
mientras se pisaba el vino
que bebió tu boca roja.
Tu boca roja en la mía,
la copa que gira en mi mano,
y mientras el vino caía
supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
El vino que pagué yo,
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.
Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería......
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma....
(ciertamente todo se trasforma)