...Una arriesgada e interminable aventura sería encerrar a esta ciudad en una palabra, a veces es un torbellino, a veces un placer. Miro a la gente y todos parecen andar algo soñolientos, caminan apresurados, sin saber muy bien si deben o no llegar pronto, pero siempre, antes de caminar prefiere correr.
La ciudad despierta gris, con una capa de polvo que me hace recordar cada automóvil, cada industria, cada incendio, cada cigarrillo, sin embargo a pesar de ello, me gusta ese color solemne, serio, color que los hombres usan cuando prefieren formalizar su vestimenta, ese gris que alimenta mis ganas de vivir en el último lugar del mundo.
Yo esta vez prefiero caminar, pisar el pasto, parar en los espacios más públicos y mirar como la gente adquiere un ritmo, un swing al andar, una manera sincronizada de respirar y una opacidad al mirar...
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