viernes, 28 de junio de 2013

todo se transforma

Nada es casualidad, siempre he creído en que todo pasa por una justa razón, muchas veces no sabemos el por qué en el momento exacto, sin embargo la vida se encarga de desenmarañarnos sus misterios, con todos sus vericuetos tarde o temprano, hoy sé que en mi vida nada ha sido casualidad, ni los dolores ni las alegrías, no existen decisiones correctas o incorrectas, sólo se actúa y cada acto acarrea su consecuencia, desde haber decidido besar por primera vez a una mujer hasta aquel comentario fuera de lugar que ocasiona alguna pelea, desde un error minúsculo hasta el más acertado hecho; los caminos de la vida son dispersos, somos lo que elegimos ser, yo pude ser esa que soñé alguna vez que quería estudiar cine y escribir guiones, claro que pude serlo y si lo deseo aún podría, sin embargo decidí por amor quedarme en San Fernando aquella vez y ser analista y luego opté por la ingeniería, no es una pasión desmedida sin embargo me da para vivir y tengo un trabajo que amo, cada salto, cata retroceso, cada avance y cada tropiezo me han forjado a ser lo que soy hoy, con 28 años y casi  10 meses de vida… hay cosas que me enorgullecen y otras que prefiero olvidar o hacer como que olvido, como aquellos errores que si me detengo a pensar no fueron errores sino decisiones, decisiones que por un segundo fugaz en mi mente parecían correctas, porque de no ser así jamás hubiesen sido cursadas, y es que a veces el inconsciente piensa más rápido que el consiente  y actuamos por naturaleza, por instinto, a desmedida y luego viene el fugaz raciocinio y te das cuenta de lo errada que estabas, pero como dije en un comienzo nada es casualidad, porque ese error te lleva a algo, una lección, un enojo, una alegría y hasta posiblemente un nuevo amor, y es que no fue casualidad nada de lo sucedido, de lo que es y lo que será, hoy formo mi mañana, hoy nace mi futuro.

Tu beso se hizo calor, 
luego el calor, movimiento, 
luego gota de sudor 
que se hizo vapor, luego viento 
que en un rincón de La Rioja 
movió el aspa de un molino 
mientras se pisaba el vino 
que bebió tu boca roja. 

Tu boca roja en la mía, 
la copa que gira en mi mano, 
y mientras el vino caía 
supe que de algún lejano 
rincón de otra galaxia, 
el amor que me darías, 
transformado, volvería 
un día a darte las gracias. 

Cada uno da lo que recibe 
y luego recibe lo que da, 
nada es más simple, 
no hay otra norma: 
nada se pierde, 
todo se transforma. 

El vino que pagué yo, 
con aquel euro italiano 
que había estado en un vagón 
antes de estar en mi mano, 
y antes de eso en Torino, 
y antes de Torino, en Prato, 
donde hicieron mi zapato 
sobre el que caería el vino. 

Zapato que en unas horas 
buscaré bajo tu cama 
con las luces de la aurora, 
junto a tus sandalias planas 
que compraste aquella vez 
en Salvador de Bahía, 
donde a otro diste el amor 
que hoy yo te devolvería...... 

Cada uno da lo que recibe 
y luego recibe lo que da, 
nada es más simple, 
no hay otra norma: 
nada se pierde, 
todo se transforma....

(ciertamente todo se trasforma)



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